Lo pintado en amarillo fue lo señalado a Gastón Zuñiga para que ilustrara
El beso
Hace dos horas que la lluvia
paró, ahora el sol empieza a asomarse entre las hojas de los árboles y parece
que diminutas rayitas como dibujadas con lápices de colores, vuelan y bailan.
—My Lady My Lady, el corcel y yo,
su siervo, la aguardan.
—¡Oh, gallardo caballero! ¡Rauda bajaré a su
encuentro deslizándome por mis cabellos
dorados como el sol!
—Querráis decir negros como la
noche.
Un minuto después caminamos uno
al lado del otro. Delante nuestro caminan Bodoque y Hércules. Hércules lleva los bogueros, se los atamos a
los costados del lomo. Hércules es tan grande que los bogueros parecen palitos de brochetts.
Del cogote de Bodoque colgamos
una bolsita de tela llena de trapitos para atraer a las ranas. Para cazar ranas
con bogueros no se usan anzuelos: se ata el trapito a la línea, se agita sobre
el agua y cuando la rana muerde se tira fuerte y ¡listo!
—¿Es difícil cazar ranas? —me
pregunta ella.
—Difícil no, pero sí muuuy
peligroso. Una vez, mientras cazábamos ranas con Licho sentimos muchísima sed.
Recordamos el árbol de naranjas de Don Vicente, que sabe mucho de cultivar naranjas
porque es entrerriano, y fuimos a sacar algunas. Apenas habíamos comido dos cuando el viejo
salió con su escopeta, se paró en la
puerta del rancho y gritó: “Gurises de diablo, ¡vuelen de acá!” y nos apuntó.
Licho saltó el alambrado de púas y corrió
como una liebre. Yo salté y me enganché el pantalón. Me caí en un charco
y tragué agua con la nariz. Corrí. Perdí la alpargata en un pozo de barro. Me atropellé
las ramas de un sauce. Pateé una piedra con el pie descalzo. Me tragué un
mosquito y la segunda alpargata no sé dónde quedó.
—Jajajaja.
Llegamos a mi laguna, no es una
laguna, es una zanja de agua turbia.
Nos sentamos sobre el pasto.
Marina atrapó la primera rana que
cayó detrás de nosotros. Los dos no
tiramos sobre ella. Nuestras
cabezas chocaron. Marina tenía barro en la nariz y se reía señalando mi cabeza.
La rana estaba sentada en mi pelo. Ella estiró la mano para agarrarla y yo también.
La rana saltó y nuestras manos se tocaron.
Marina seguía riéndose y yo le di
un beso. Ella paró de reírse, me miró y me dio otro beso.
Ahora somos novios.
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